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Nueva campaña: más de lo mismo, ¿resultados distintos?

El presidente Mauricio Macri (Franco Fafasuli)
El presidente Mauricio Macri (Franco Fafasuli)

La semana que viene comenzará una nueva campaña electoral en la que todos los candidatos nos sorprenderán haciendo más de lo mismo. Más de lo mismo significa perfil bajo para Cristina Kirchner, que es el camino más seguro al triunfo para el kirchnerismo encabezado por Alberto Fernández. Pero más de lo mismo para Juntos por el Cambio puede ser la vía más directa a una nueva derrota en las presidenciales del 27 de octubre. Porque más de lo mismo no puede arrojar otro resultado que más de lo mismo.

En el búnker que busca la reelección de Macri están tratando de afilar las herramientas tecnológicas. Apuestan a mejorar e intensificar la big data, los mapas de calor para distinguir votos "recuperables" de los perdidos para siempre. Habrá nuevas salvas en las redes sociales, videos pretendidamente virales mostrando obras y la lucha contra el narcotráfico y las mafias que se viralizarán demasiado poco.

Afilar las herramientas significa buscarles más precisión y más intensidad. Ejemplo: si a votantes del conurbano se les mandó para las primarias un video de la reparación de un tren en Salta, se buscará ahora llegar con más precisión con un video de una obra más cercana en alguna parte del vecindario, o del combate al narco o la delincuencia en su zona.
Y buscando un efecto de pinzas, desde el wing del anonimato intensificarán los videos que recuerden los sonados casos de corrupción y la violencia política con la que se asocia al período kirchnerista anterior.

Sin embargo, esta vez la agresividad en el recuerdo de la corrupción K deberá ser algo más medida: primero porque podría ofender a votantes que en agosto optaron por expresar su bronca y no a través de la fórmula Lavagna-Urtubey, José Luis Espert o Juan José Gómez Centurión, sino directamente a través de la fórmula kirchnerista. Además, mucha agresividad puede poner en riesgo la precaria tregua entre Fernández y Macri para no enloquecer más a los mercados y empeorar aún más las chances del presidente Macri: es todo un dilema eso de ser piloto de tormentas en la crisis y a la vez candidato presidencial.

Quizás la única novedad en la campaña podría ser un mejor control sobre la fiscalización, que podría ayudar a recuperar algún punto a Juntos por el Cambio, aunque ese punto se podría poner en juego luego por cierto corte de boleta contra el paño presidencial de Macri fomentado por los propios candidatos de la fuerza del Presidente: perdido por perdido, sálvese quien pueda.

En definitiva, en algunos aspectos será más de lo mismo, aunque, en otros, menos de lo mismo.

Todo esto ya lo vimos y tuvo como resultado una derrota del macrismo de más de 16 puntos frente al peronismo reunificado. ¿Podrá tener otro resultado después de la debacle de las PASO? ¿Las mismas tácticas funcionarán distinto con la misma estrategia?

Por lo pronto no solo las armas serán las mismas. Serán empuñadas por los mismos generales: el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y el estratega, Jaime Durán Barba. El ecuatoriano es el mismo que el 11 de agosto al mediodía le aseguraba al presidente Macri que se encaminaba a un empate y que quizás lograría incluso imponerse por unos puntitos. Recordemos nuevamente: el escrutinio definitivo arrojó una derrota de los Fernández sobre Macri-Pichetto de casi 17 puntos.

¿Le hicieron Durán Barba y Marcos Peña al Presidente una suerte de "encuesta de Yrigoyen"? Se refiere al mito del "diario de Yrigoyen" que supuestamente le hacían los propios colaboradores al presidente radical Hipólito Yrigoyen en su segundo mandato, aunque luego quedó demostrado que era una fake news de antaño. Habría sido instalada por los mismos militares que lo derrocaron en 1930 para retratarlo en los medios como senil y alejado de la realidad y así justificar el fatídico golpe de estado que encabezó el general José Uriburu.

Algunos periodistas sostienen que el propio Presidente habría participado en la maniobra con el fin de que el dólar y los mercados se mantuvieran en calma hasta el fatídico domingo, y luego, como lo hizo Macri al día siguiente, echarle la culpa del derrumbe al pánico que genera el kirchnerismo por su pésima reputación para los mercados e inversores. Es improbable.

La historia dirá cómo los "reyes del focus group" no vieron o no quisieron ver -o veían y ocultaban- lo que otros colegas sí estaban comprobando: el electorado se cansó de una política que lo hacía sufrir cada vez más económicamente, y un gobierno que por sola respuesta tenía el indolente eslogan de "este es el camino".

¿Por qué el reemplazo con una fría enumeración de obras públicas como respuesta a una parte importante del electorado que tenía cada vez más dificultades para llegar a fin de mes, que no funcionó en agosto, podría funcionar ahora en octubre? Hay que recordar que las penurias luego de las PASO aumentaron aún más.

La clave, que el equipo de Macri no quiso escuchar, la había dado en enero el ex ministro de Economía Domingo Cavallo: presentar para el arranque de la campaña un plan económico radicalmente distinto, debatirlo, buscar el apoyo de economistas y empresarios y admitir que el camino que tomó Macri en su primer mandato no era el correcto.

Ese cambio de estrategia le hubiese permitido al Presidente recuperar buena parte de la credibilidad perdida. Buena parte de la credibilidad Macri la perdió al ser demasiado tibio en sus admisiones de error: "fue la sequía" (de 2018, porque en 2019 hubo cosecha récord) o "fueron las tasas de interés de la Reserva Federal" (que subieron 0,5 puntos porcentuales y luego bajaron) o "fuimos demasiado optimistas con las metas de inflación" (porque la inflación no bajó demasiado lento, sino que directamente subió y mucho). No era una cuestión de cómo usar el WhatsApp, sino del contenido de los mensajes.

Obviamente que en un año electoral no habría plafond para aplicar un nuevo plan económico, eso ya lo aclara de entrada el ex ministro Cavallo. Pero el solo hecho de admitir el error de haber estado mal asesorado le permitiría regenerar expectativas en buena parte del electorado de que un segundo mandato de Cambiemos tendría sentido. Macri estaría demostrando una capacidad de aprendizaje que el electorado valoraría mucho: hoy a Macri se lo ve sin respuesta al tremendo desafío que plantea una economía aún peor que la que heredó en diciembre de 2015.

Ese plan económico le permitiría estar mejor armado para los debates presidenciales que se vienen en octubre y que plantean un desafío muy complejo: por primera vez en su carrera política, Macri no tendrá una respuesta creíble a la pregunta central con la que todos sus retadores lo van a atacar y es cómo piensa resolver la grave situación económica que heredaría si resultara reelecto, si por plan económico solo puede ofrecer un poco más o un poco menos de lo mismo.

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