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Provincia de Buenos Aires, la madre de todas las batallas

Falta apenas un mes para las PASO, el primer capítulo de unos comicios nacionales que, como hace tiempo no sucedía, se caracterizan por la gran incertidumbre en torno no solo al desarrollo de la campaña, sino fundamentalmente a los posibles resultados.

Así como en la elección presidencial puede hablarse de un final abierto, la incógnita también persiste en la siempre estratégica provincia de Buenos Aires. La provincia que administra María Eugenia Vidal, junto con Córdoba y Santa Fe, representa el 54% del padrón electoral, por lo que la dinámica de la elección provincial, e incluso los escenarios a nivel municipal, se vuelven prioritarios en las estrategias electorales nacionales de los diversos espacios en pugna.

La puja por la gobernación

La provincia de Buenos Aires representa el 37% del padrón electoral y a través de su historia electoral puede observarse una fuerte tendencia hacia la consonancia de signos políticos o afiliaciones partidarias entre quien gana la gobernación y quien llega a la presidencia del país. Desde el retorno a la democracia esta simultaneidad solo se vio interrumpida en 1999, cuando el radical Fernando De la Rúa, en alianza con sectores del justicialismo encabezados por Carlos "Chacho" Álvarez, ganó a nivel nacional y el peronista Carlos Ruckauf se impuso en la provincia.

A esta particularidad de la provincia de Buenos Aires se le suma que, en 2015, por primera vez desde la década de 1960, ganó la gobernación un candidato de un signo político que no fuese peronismo o radicalismo. Vidal, por cierto también la primera gobernadora mujer de la provincia, se enfrenta hoy a un laberinto electoral de difícil resolución para conseguir su reelección.

La mayoría de los encuestadores coinciden en que sus chances de ganar ante la fórmula Kicillof-Magario aumenta a medida que ella se aleja del binomio presidencial oficialista conformado por Macri-Pichetto. Si bien desde el Gobierno se entusiasman con una tímida recuperación de la imagen presidencial, el derrumbe de la aprobación presidencial en el Conurbano —en particular en la tercera sección, aunque también en partes de la primera— complica las chances de Vidal. Sin embargo, la decisión de escindir la contienda, ya no en términos legales —como podía haber sido desdoblando la elección provincial—, sino simbólicos, no será una decisión nada sencilla para la gobernadora bonaerense.

Muy distinto es el escenario que enfrenta el candidato a gobernador del denominado Frente de Todos y ex ministro de Economía kirchnerista. No solo su figura se potencia al compartir la boleta junto con Cristina, sino que además se trata de uno de los pocos dirigentes del espacio que logra fidelizar la mayoría de los votos de la ex mandataria.

Así las cosas, mientras el armado de las listas en la provincia de Buenos Aires consagró la tan mentada unidad del peronismo, reanimó la tensión entre la Casa Rosada y la gobernación en La Plata. Desde Balcarce 50 algunos temen ante la posibilidad de que la campaña de Vidal se aliente —solapadamente— el corte de boleta, para que los bonaerenses que miran con ojos esperanzadores la candidatura de Alberto Fernández o la propuesta "anti-grieta" de Roberto Lavagna, puedan votarla a ella también.

La política local: ¿hay lugar para el corte de boleta?

Como señalo en Comunicar lo local (Crujía, 2019), si bien la inmensa mayoría de los ciudadanos tiene su primer contacto con la democracia en el nivel municipal, a menudo suele subestimarse la dinámica política a nivel local. Quien tenga esta actitud en las próximas elecciones en la provincia de Buenos Aires estará sin dudas cometiendo un gravísimo error estratégico.

La fórmula Fernández-Fernández parece gozar de cierta seguridad en lo que respecta a la performance a nivel municipal, fruto de la unificación del peronismo bonaerense. La división que en anteriores elecciones había llevado en boletas diferentes a Cristina, Sergio Massa —como en 2013, 2015 y 2017— y hasta Florencio Randazzo —2017—, hoy ha quedado saldada tras el acuerdo del kirchnerismo con el dirigente tigrense. Como consecuencia de este armado provincial, los intendentes peronistas prescinden entonces de la necesidad de alentar el corte de boleta a nivel local y se constituirán en el basamento territorial de la fórmula presidencial. Es más, no solo muchos de quienes buscarán su reelección, sino también varios dirigentes que buscarán destronar a intendentes de Cambiemos, se verán potenciados por ir en la boleta junto a la fórmula Fernández-Fernández.

En el caso de Vidal la puja es doble. La gobernadora no solo tiene que preocuparse por la posibilidad —reconocida por la mayoría de los analistas— de que la candidatura de un desgastado Macri horade su performance electoral, sino también de que aquellos intendentes de Cambiemos que avizoran la posibilidad de conseguir la reelección promuevan el corte de boleta, con una estrategia que busque municipalizar la elección. Tal podría ser el caso de Diego Valenzuela en Tres de Febrero, Jorge Macri en Vicente López, o Gustavo Posse en San Isidro.

En la tercera sección electoral, en donde 4,3 millones de bonaerenses están habilitados para votar, la situación es aún más tensa. Allí los intendentes de Cambiemos con perspectivas de reelegir, como Néstor Grindetti en Lanús, deberán evaluar con mayor seriedad el corte de boleta, ya que es precisamente en esta sección donde Cristina Fernández es más fuerte.

El futuro de los intendentes: apuestas sin reelecciones

Como si no fuese suficiente con la compleja puja electoral, los intendentes en gestión tienen ante sí un nuevo desafío: construir candidatos que los sucedan. Tras la votación en el Senado provincial en 2016, rige la reelección por única vez para los intendentes bonaerenses. Esta medida conmocionó a varios históricos dirigentes bonaerenses, los cuales acumulan varios mandatos consecutivos tras de sí, pero que ahora deberán promover nuevos candidatos para que los sucedan.

Así como la medida condiciona los planes futuros de varios "caciques" locales y "barones" del Conurbano, abre un nuevo abanico de posibilidades para quienes actualmente son oposición en sus municipios. Posibilidades que, por cierto, deberían estar comprendidas en las estrategias actuales. Si bien en 2019 la continuidad de aquellos intendentes que ya acumulan varios mandatos no está impedida, el hecho de que en 2023 si lo esté despierta la posibilidad de que esta campaña puede servir para posicionar a posibles futuros candidatos. No todos los candidatos tienen como objetivo ganar. Esta puede ser la estrategia para varios candidatos locales en la búsqueda de posicionarse de cara a 2023.

De esta forma, está claro que los municipios tendrán una gravitación central en las próximas elecciones nacionales. Los liderazgos políticos locales enfrentarán importantes desafíos no solo a la hora de satisfacer demandas ciudadanas que expresan niveles cada vez más altos de exigencia, sino también para enamorar y movilizar emotivamente a los ciudadanos. Y el éxito que tengan en esta tarea, en un escenario que se revela como uno de los más reñidos de los últimos tiempos, podría coadyuvar al triunfo o la derrota no solo en la provincia sino también en la Nación.

El autor es sociólogo, consultor político y autor de "Gustar, ganar y gobernar" (Aguilar, 2017) y "Comunicar lo local" (Crujía, 2019).

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