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El papa Francisco y nuestra relación con la naturaleza

(Photo by Vincenzo PINTO / AFP)
(Photo by Vincenzo PINTO / AFP)

"Alabado seas, mi Señor", cantaba San Francisco de Asís, y con esas mismas palabras comienza la encíclica Laudato si'. "En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: 'Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sostiene, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba'" (párrafo 1).

Olvidamos que somos tierra

"Olvidamos que nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura (párrafo 2). 'Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7)'" dice Francisco.

Una tierra que ha perdido la inteligencia

Y agreguemos que somos también fuego o enérgeia. Fuerza o capacidad de acción con la cual hacemos mucho bien, pero también provocamos mucho daño, no solo a los bienes de la naturaleza, sino también y al mismo tiempo a nuestros semejantes y en gran medida a nosotros mismos. El título de la ya clásica obra de la psicoanalista argentina, Isabel Luzuriaga: La inteligencia contra sí misma, ilustra lo que aquí afirmamos y su contenido con gran ciencia demuestra la verdad de esa patología individual y social.

Poesía y realidad de la hermana tierra

La poesía que toma Francisco del Santo afirma una verdad que trasciende al mero hecho literario. Está diciendo que la tierra, el aire y el agua son parte de nuestra naturaleza. Y esta realidad puede constatarse en los vitales litros de agua que circulan por nuestro organismo, la cantidad de huesos, uñas, tejidos, la cantidad de aire que llena nuestros pulmones u oxígeno que forma parte de nuestra sangre, compuestos en equilibrio sin los cuales sería imposible la vida de cada uno de nosotros.

Decimos de los seres humanos somos "sujetos", estamos compuestos por los referidos elementos y dotados por el Espíritu divino, pero al mismo tiempo ¿se puede llamar "sujetos" a los elementos que componen la naturaleza? ¿Podemos decir que la tierra, el aire, el agua, el fuego son consustanciales al hombre? Claro que sí, en tanto fueron creados por Dios, nosotros somos parte de su naturaleza y todos formamos parte del cosmos. Claramente debemos llamar a las cosas por su nombre: "Nuestra hermana tierra, nuestro hermano aire, nuestra hermana el agua".

"Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella" dice Francisco.

La metodología: ver-valorar o juzgar, actuar y celebrar

El papa Francisco, en el desarrollo de la encíclica Laudato si', conserva la metodología de la doctrina según la cual primero hay que ver la realidad sobre la cual nos proponemos reflexionar; luego hay que discernir, en el sentido de considerar eso que vimos a la luz de los valores evangélicos; luego proponer y llevar a cabo cursos de acción; y por último celebrar, es decir, contemplar, festejar y alabar estas acciones.

Dar una mirada sobre los daños que vemos

¿Qué vemos en nuestra casa, la Tierra? En primer lugar, observamos, dice el papa Francisco, que hay un gran deterioro de nuestra casa común (61). Y a continuación enumera: la contaminación, la cultura del descarte (20), la ausencia de un sistema de producción capaz de limitar el uso de los recursos no renovables y moderar el consumo, reciclar los desechos (22), el calentamiento del sistema climático, la emisión de anhídrido carbónico, el uso intensivo de combustibles fósiles, la deforestación (23) el derretimiento de los hielos polares y de planicies de altura, la destrucción de ecosistemas (24), el aumento de las migraciones huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental (25), el ocultamiento de los síntomas por parte de los poderes económicos y políticos (26), la cuestión del agua (27-29) cuyo acceso es un derecho humano (30), la amenaza del control futuro del agua por grandes empresas mundiales (31), la pérdida de la biodiversidad (32) con desaparición de las especies (33), los agrotóxicos y las semillas transgénicas (34), los corredores biológicos (35), el rédito económico y el descuido de lugares de gran importancia para el ecosistema mundial (37),la Amazonia (el destacado nos pertenece)y la cuenca fluvial del Congo, los grandes acuíferos, los glaciares, la quema de selvas para desarrollar cultivos, las propuestas de internacionalización de la Amazonia (el destacado nos pertenece) (38), la reforestación irracional, la pérdida de los humedales (39) y muchos otros temas más.

Sínodo de la región panamazónica

En ese contexto del 6 al 27 de octubre próximo se llevará a cabo el gran sínodo que congregará a obispos, representantes laicos de la región, organizaciones sociales y expertos para debatir sobre el gran pulmón latinoamericano del planeta Tierra en Roma, tema que adelantaremos en las próximas notas, si Dios quiere.

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