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Carla Quevedo y una anécdota imperdible con Natalie Portman: «No me creí su pena»

¿Cuántas actrices debutan en el cine con una película ganadora del Oscar? Interpretar a la mujer asesinada en El secreto de sus ojos le abrió las puertas de Nueva York, y desde ese momento Carla Quevedo reparte su vida entre la Gran Manzana, Los Ángeles y Buenos Aires.

En Estados Unidos participó del corto Side Effects, y en las películas Affluenza, Youth in Oregon y en How to be single(con Dakota Johnson y Rebel Wilson). Además, fue una de las protagonistas de la serie Show me a hero,junto a Oscar Isaac y Winona Ryder. Sin embargo, inquieta, Carla volvió a Buenos Aires y deslumbró junto a Julio Chávez en El Maestro.

El camino recorrido la llevó a convertirse hoy en Alicia Muñiz, una de las protagonistas de la biopic de Carlos Monzón que recorrerá el mundo: "Me ha tocado interpretar en más de una oportunidad víctimas de femicidio. A mí también al principio me provoca una extrañeza -dice la actriz-. Después uno lo empieza a pensar y es trágico, pero no es extraño: en Argentina muere una mujer cada 35 horas".

Carla Quevedo (Instagram)
Carla Quevedo (Instagram)

—En la serie, el asesinato de Alicia es el punto de partida. Hay mucho flashback, se cuenta la historia de Monzón, pero el eje está puesto en el femicidio. Sé que pediste leer los libros para ver cómo estaba encarado el tema.

—La cuestión fundamental era que la temática se tratara con responsabilidad, con perspectiva de género y en coherencia con el ahora. Por supuesto, se habla del personaje de Monzón, que es algo que ya empieza a generar controversia. Para mí está muy bien que así sea, en ese sentido (la antropóloga) Rita Segato lo marca muy claro: es normal que generemos una cierta empatía para con ese femicida, que lo humanicemos. Porque el femicida no es un monstruo, no es el personaje de una película de terror que sale de la nada a lo Walking dead y aparece un día; es un tipo que nace en el seno de la sociedad, que está adaptado a la sociedad, muchas veces híper adaptado a la sociedad. Y muchas veces idolatrado: el caso de Monzón es extremo, pero siempre la figura del femicida es un tipo que lleva hasta las últimas consecuencias el mandato patriarcal, que es una cuestión de poder del hombre sobre la mujer.

—¿Se puede separar al ídolo de los hechos terribles que puede cometer la persona?

—Yo creo que no. Igual, todavía estamos en un proceso de pensar estas cosas como sociedad y en lo individual. Para mí la respuesta inmediata es no. ¿Por qué? Porque en el mundo somos muchos y hay gente muy talentosa y me parece que seguir dándole espacio a gente valorando su talento artístico, como es el caso de Woody Allen, por ejemplo, habiendo tantos otros directores tan talentosos que no son aberraciones como seres humanos y que no cometieron crímenes contra otros seres humanos…

—Pensaba en Woody Allen, y en Michael Jackson. ¿Te puede seguir gustando su música sabiendo que abusaba de niños?

—Te puede seguir gustando. En lo que es el tono personal, me parece que lo que le pase a uno en el ámbito privado es lo que le pasa a uno, y en ese sentido no sé si hay un juicio. En la cuestión pública, y como sociedad, tenemos que hacernos cargo de no seguirle dando espacio a esas cuestiones.

—¿A vos te siguen gustando esas canciones?

—No, yo no las puedo escuchar. Tengo una ideología muy marcada con estos temas, yo no puedo pensar en otra cosa: escucho las canciones y pienso en los crímenes que cometió y me parece que eso pesa mucho más que cualquier otro logro personal o artístico que pueda tener una persona.

—Y con Woody Allen te pasa lo mismo.

—También, sí. Me mudé a Nueva York en 2009 y una de las figuras con las que soñaba trabajar era Woody Allen. Hoy en día no trabajaría con él. Me parece que hay otras cosas que son más importantes.

Carla Quevedo (Instagram)
Carla Quevedo (Instagram)

—Vos naciste después del femicidio de Alicia Muñiz.

—Sí, meses después.

—¿Cómo llegás a la historia y a conocer quién es Monzón?

—La primera vez que escucho hablar de Alicia Muñiz es en 2015, cuando surge el Ni Una Menos. Empecé a interiorizarme mucho más, a leer un montón de artículos periodísticos, un montón de notas, y obviamente, el caso de Alicia resurgió en ese momento porque fue el primer femicidio mediático. Esa fue la primera vez que escuché hablar de Alicia y de Monzón, porque el deporte no es algo que me convoca; en mi familia tampoco había escuchado hablar de él, honestamente.

—Hay un montón de chicos que van a conocer la historia a través de la serie. ¿Con qué idea se quedarán sobre quién era Monzón?

—La serie no tiene una cuestión digerida y es algo que a mí me gusta. Es lo que yo le pido a un producto de ficción. Cada uno verá y sacará sus propias conclusiones. Vamos a ver todo lo que fue él como persona: un chico que nació en ciertas condiciones, que se crió en cierta sociedad en un momento dado, y que devino femicida y cometió un crimen. Digo, vamos a ver todo ese aspecto.

—¿Y en algún momento va a caer bien?

—Puede ser. Es una persona y nadie nace femicida, así como nadie nace asesino. Como sociedad, el femicida es el hijo 10 del patriarcado. Monzón puede llegar a generar cierta empatía en ciertos momentos, como cualquier persona. Me parece que es importante rescatar eso: el femicida es alguien que está en la sociedad, y en ciertos momentos hay muchos más de los que parece.

Carla Quevedo (Foto: Santiago Saferstein)
Carla Quevedo (Foto: Santiago Saferstein)

—En paralelo, mientras ibas construyendo a Alicia Muñiz nacía tu libro: Me peleé a los gritos con el manager del spa. ¿Desde cuándo escribís?

—Desde los 12 años, es el primer libro que publico.

—¿Cómo te animaste?

—Me obligaron (risas). Escribo poesía y cuentos desde los 12. Desde los siete años que tengo diarios íntimos; para mí es una herramienta de conocimiento, lo necesito, no es opcional, es algo que necesito hacer. Nunca pensé en publicar. Estoy laburando en una novela desde hace varios años y siempre pensé que mi primer libro iba a ser esa novela. Estaba medio trabada con esa historia, y unos amigos que tienen esta editorial me dijeron: "Che, nosotros sabemos que hay poemas guardados y que están esperando ver la luz".

—¿Cómo te sentís de verlo impreso?

—Orgullosa. La verdad que es la primera vez, y sin sonar desagradecida, porque a mí la profesión me ha dado un montón de cosas muy hermosas, pero en un punto como actriz siempre soy instrumento de la voz de otra persona. Esto soy yo, soy yo en mi mayor, más libre y más íntima expresión.

—Viviendo en Los Ángeles, ¿has choluleado a alguien?

—Sí, he choluleado, he pecado (risas).

— ¿A quién choluleaste?

A Natalie Portman. Es a la única persona que choluleé en mi vida. No soy cholula, o mejor dicho, soy muy careta con mi cholulaje porque soy mega cholula, pero no lo digo. No te voy a pedir un autógrafo, te voy a ver, voy a saber quién sos y me voy a poner cerca tuyo, voy a pedir un trago y… "Che, ¿tenés hora? Ay, no, ¿y qué hacés, a qué te dedicas? ¿Tatiana? Ah, no sabía que eras Tatiana. ¡Ay, me muero!" (risas). Te la re careteo. Pero con Natalie Portman me pasó que me agarró esta cosa así más cholula, más genuina, porque la veo desde muy chica.

—¿En qué situación te la cruzaste?

—Comiendo tacos en Los Ángeles. Yo estaba con mi perro comiendo tacos, había sido un día muy particular, de una cuota de angustia existencial fuerte, había llorado. Y de golpe viene la imagen de esta mujer hermosa casi que caminando hacia mí, casi que haciendo visual conmigo. Se sienta en la mesa de al lado pero la tenía más cerca que a vos; o sea, podía oler su pelo, básicamente (risas).

—Y directamente la invitaste a salir.

—(Risas) Me hubiera encantado. Empecé a mandar mensajes, que pin, que pan, a ver si le hablaba o no, y yo no quería ir a hablarle porque temía su rechazo. Decía: "Me llega a tratar mal o me dice que no, lo que sea, me voy a sentir mal y no tengo ganas". Pero me convencieron. Mandé mensajes a distintas personas y todas me dijeron: "Andá, no seas boluda, te vas a arrepentir. Mientras seas respetuosa y no actúes como una loca, no te pongas a llorar, no grites. Tratá de, si estás nerviosa, caretearla".

—Natalie Portman iba por el postre mientras vos decidías qué hacer.

—Yo esperaba no interrumpir un momento privado. Me acerqué, fui súper respetuosa, le dije: "Che, ¿te puedo decir algo?". Ella me dice que sí. Bueno, le pedí una foto y me dijo que no. Todo el tiempo me miraba con cara como "Hummm", como si estuviera viendo un perrito mojado abajo de la lluvia, como si le diera pena. Y yo decía: "Bueno, no era mi intención darte pena, simplemente quería decirte que te admiro, que me parece copado lo que hacés".

—¿Te dijo que no a la foto?

—Me dijo que no a la foto: "No, thank you". Actuando muy mal, porque Natalie actúa bien, pero ese día yo le paso el trapo mal (risas). No me la creí, no me creí su pena.

Carla Quevedo (Fotos y video: Santiago Saferstein)
Carla Quevedo (Fotos y video: Santiago Saferstein)

—A partir de ese día la odiás a Natalie Portman.

—Por supuesto. Ahora digo que quiero tener fans soldados para que la odien a ella también y un par de personas, sin que yo lo indique, fueron a comentarle en el Instagram y me taggean: "No te quiero más porque le negaste una foto a @LodeMarta" (su usuario en esa red social). Es una guerra fría igual, porque ella ni se entera. Si se enterara, no me animaría.

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