Da clases gratuitas de matemáticas en una plaza, vive de changas y busca trabajo para tener un lugar para seguir enseñando

Marcelo da clases gratuitas de matemáticas en una plaza de San Luis y ayuda a los estudiantes que no pueden pagar por un profesor particular. (El diario de la república)
Marcelo da clases gratuitas de matemáticas en una plaza de San Luis y ayuda a los estudiantes que no pueden pagar por un profesor particular. (El diario de la república)

Una foto de Marcelo Salas (35) comenzó a copar las redes sociales. Está parado al lado de una pizarra blanca llena de números en color naranja, montada sobre un caballete que él mismo recicló. Se lo ve con su larga melena atada, con jeans gastados, una remera que deja ver sus tatuajes y una gorra para lidiar con el sol puntano. Era algún día de febrero. Frente a él, un niño sostiene un cuaderno con una mano y un lápiz con la otra, y presta atención a la clase que está recibiendo debajo de los árboles.

Esa es fue una de las tantas clases que Salas brinda desde hace poco más de un mes en la plaza Sarmiento, de Villa Mercedes, San Luis. Hasta allí llega cada tarde el estudiante del Profesorado de Matemáticas porque no tiene un espacio físico donde recibir a quienes necesiten aclarar dudas con los números y aprender.

"Yo hago esto porque me apasiona, por vocación no por plata", aseguró a Infobae, mientras cuenta los días para arrancar el tercer año de la carrera que tanto lo apasiona.

“Primero pensé en dar clases a la gorra, pero luego pensé que quizás habría chicos que no iban a poder poner un solo peso y que se quedarían con sus dudas”

La historia del "profe de la plaza"

Marcelo se recibió de Técnico Superior en Tecnología Industrial y el mismo día fue al Instituto de Formación Docente y Continua (IFDC) para anotarse en el profesorado que cursa. El aliento de sus ex compañeros y amigos lo animaron para dar ese paso. "Me decían que era bueno enseñando", confiesa.

Durante el secundario, Marcelo siguió la especialización en Humanidades y no había tenido contacto con el mundo más grueso de los números.

"Todo cambió cuando nació mi hijo Demian porque entonces trabajaba en una fábrica y pedían formación técnica. Entonces pensé que sería bueno estudiar algo relacionado con eso y poder aspirar a crecer, pero no pasó", recordó sobre cómo inició su nuevo camino.

A su vez, reconoció: "Durante la cursada ayudaba a mis compañeros que no entendían matemáticas y me di cuenta de que no me costaba y que me gustaba de verdad y que me apasionaba dar clases, pero además me generaba satisfacción cuando ellos aprobaban. Yo sabía que que estaba estudiando una carrera que no era lo mío, pero necesitaba el título, cosa que jamás estrené. Nunca ejercí como técnico".

—¿Por qué elegiste una plaza para dar las clases?

—Desde que acá cerraron las fábricas las cosas no están bien por eso se me ocurrió dar clases, pero como no tenía dónde porque vivo con mis abuelos pensé en un lugar neutral y elegí la plaza. Antes di clases a domicilio y muchas veces tuve que caminar varios kilómetros a pie porque se me rompió la bicicleta. Cuando decidí ir a la plaza armé un caballete, lo reciclé y salí con mi pizarra.

Así, Marcelo se instaló en medio del lugar más frecuentado de su ciudad. Ese primer día no recibió alumnos sino muchas inquietudes: "Me preguntaban cuánto cobraba y yo decía que las clases eran gratis. No me creían. En realidad, primero pensé en que fueran clases a la gorra, pero después pensé que a lo mejor si alguien no tiene para colaborar por ahí no se quiere acercar y yo haría lo imposible para que apruebe", asegura.

¿Cómo son las clases?

—Los chicos y chicas llegan con sus dudas, con los problemas que no pueden resolver y vemos directamente eso. La mayoría viene porque no entiende las operaciones con ecuaciones y fracciones. Cuando se anotan les digo que me digan en qué escuela están cursando para saber cómo es el programa que siguen porque acá (San Luis) los programas son diferentes al resto del país. Por ejemplo, hay chicos que ven ecuaciones en primer año y otros en tercero, entonces no puedo ver un programa por año porque en la provincia no se usa el mismo sistema que en el resto de Argentina.

Desde que acá cerraron las fábricas las cosas no están bien por eso se me ocurrió dar clases, pero como no tenía dónde porque vivo con mis abuelos pensé en un lugar neutral y elegí la plaza. Antes di clases a domicilio y muchas veces tuve que caminar varios kilómetros a pie porque se me rompió la bicicleta. Cuando decidí ir a la plaza armé un caballete, lo reciclé y salí con mi pizarra

¿Cuál es la reacción de los chicos ante tus explicaciones?

—Ponen cara de sorpresa cuando se dan cuenta de que vinieron con una duda que creyeron imposible de resolver y se van sabiendo cómo resolverla. Me dan las gracias y ese gracias es más valioso que cualquier dinero que puedan pagar.

¿Actualmente de qué estás trabajando?

—Salgo a hacer changas. Estoy haciendo trabajos de electricidad, de pintura, me las rebusco. En este momento no puedo vivir con mi hijo porque no puedo pagar un alquiler.

Tu historia llegó a las redes y medios, ¿qué comentarios estás recibiendo?

—Hay de todo. Gente que me felicita y otros que creen que hago esto porque puedo, porque me sobra, pero yo vivo en la casa de mis abuelos y no puedo vivir con mi hijo. Repito: trabajo de changas, no hay trabajo pero creo que con la situación que se vive cada uno desde su lugar puede aportar porque no siempre hace falta estar en el poder para ayudar. De todas maneras, no esperaba que esto se haga público porque lo hice de manera desinteresada y porque las matemáticas son mi pasión.

Marcelo cuenta que ese amor por el para muchos complejo mundo de los números se le despertó "ya de grande, cuando tenía 28 años".

Matemáticas es una de las materias que más cuesta en las escuela y que más repitentes ocasiona, ¿a qué crees que se debe?

Creo que la falla está en el método de enseñanza porque cuando, por ejemplo, un chico me plantea que no entiende las fracciones lo que no entiende en realidad es el método que le enseñaron y que quizás no le explicaron bien. No le enseñaron que ese método no es el único. Hay otras maneras de resolverlo y les enseño todos los métodos para que encuentren el que le resulta más fácil, en realidad, los ayudo a razonar, a pensar, a buscar la solución.

Matemáticas es una de las materias que más cuesta en las escuela y que más repitentes ocasiona. (iStock)

¿O sea que quienes crecimos pensando que hay una única manera de dividir o de resolver ecuaciones siempre estuvimos equivocados?

—Siempre estuvimos mal enseñados. A veces ayudo a mi hijo o a cualquier otro chico y cuando me dice "pero la seño dice que se tiene que hacer así". Me doy cuenta de que los obligan a aprender de memoria y no a pensar, a razonar. ¿De qué te sirve saber las tablas de memoria? Lo que hay que saber es cómo multiplicar, qué es una raíz cuadrada, para qué sirve.

¿Se sigue exigiendo que se sepan las tablas de memoria en la era de los celulares y de calculadora científicas más que inteligentes?

—El tema no es usar o no calculadora porque si te hago un planteo y no sabés cómo resolverlo, qué pasos seguir para lograrlo, ¡la calculadora no tiene la respuesta! Por más que el chico sepa las tablas de memoria, si no sabe cómo aplicarlo, no aprende.

El pedido de memorizar y la poca paciencia para explicar no son buenos aliados…

—Las matemáticas no son fáciles de digerir para todo el mundo. Por eso tengo mucha paciencia y no me molesta que me pregunten todas las veces que sea necesario. A los pibes y pibas les digo: "Si tenés que preguntar algo 40 veces, 40 veces te lo explico". Hay que tener pasión para enseñar.

¿Planteás en el profesorado las falencias que ves?

—¡Si! Tenemos una materia sobre pedagogía y técnicas de enseñanza, son como prácticas en el aula y he hecho el planteo. Hubo algunas discusiones, pero todo bien. Hay cosas con las que no estoy de acuerdo al punto que me he llegado a plantear dejar el profesorado.

¿Cómo te imaginás adentro de un aula?

—¡Uf! ¡Bien! Me imagino bien enseñando.

¿Te gustaría contagiar tu amor por las matemáticas?

—¡Ojalá! Ojalá pudiera. Ya con enseñar me conformo.

Marcelo Salas (en el medio) tiene dos pasiones: las matemáticas y el thrash metal, música que toca con su banda Torturador.

Marcelo cuenta que sus dos pasiones, la música thrash metal y los números, son campos que actualmente no rinden frutos. "Me cuestan mucho. Tocar con mi banda Torturador es cada vez más dificil y se gasta mucho dinero. Las dos cosas que más me gustan me cuestan".

El futuro profesor está en búsqueda de un trabajo que lo ayude a tener estabilidad económica y poder seguir dando clases en un espacio techado, ahora que el otoño está de vuelta. "Algunas tardes voy a concursar para ver si puedo sumar puntaje y así poder dar clases, pero no tengo suerte", concluye.

Para ayudarlo se lo puede contactar por mensaje privado a su cuenta de Facebook.

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