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Tom Petty: retrato del gran músico que supo convertir el dolor en belleza

Por Luciano Lahiteau

Tom Petty (Getty Images)
Tom Petty (Getty Images)

Solo habían pasado cinco días. El 7 de octubre de 2017, las noventa mil personas que asistieron al partido entre los Florida Gators y los Tigers de Louisiana honraron a Tom Petty coreando I Won't Back Down. Un Heeeey baby, no hay salida fácil resonó aquella tarde, y en la siguiente contra Texas. Y continuó: "Bueno, yo sé lo que es correcto/ Solo tengo una vida/ En un mundo que sigue empujándome/ Voy a mantenerme firme/ Y no voy a dar marcha atrás". Fue, como dijo alguien, uno de esos dolores dulces: la despedida de una vida que, como una cámara oscura, capturó e imprimió otras miles en un cancionero notable.

"La cultura norteamericana ama a los desvalidos", dice a Infobae Cultura Warren Zanes, biógrafo del músico y autor de Petty (Neo-Sounds). "Petty era un desvalido, y escribió sobre desvalidos. No podía postularse a un empleo público porque se había fumado un porro cinco minutos antes. No siempre encontraba la respuesta adecuada a una pregunta, porque era tímido y no estaba entrenado en medios de comunicación. Pero se entendía a sí mismo, y a través de eso entendía a otros. Sus canciones tenían el efecto de la verdad. Todo el amor que este país le demostró tras su muerte está relacionado a eso".

Un año más tarde se dio a conocer Gainesville, un adelanto de An american treasure, un box set con registros en vivo, inéditos y versiones alternativas. La canción parece una carta de agradecimiento desde el más allá, una que Petty se hubiera reservado para al fin volver a su patria chica, la ciudad rodeada de pantanos que mezcla la bohemia universitaria con la norteamérica del trabajo pesado y repetitivo, el bourbon y la violencia irresuelta. La letra empieza con una escena autobiográfica (de la que sale el concepto del videoclip) y se desarrolla con esa capacidad narrativa de los storytellers: "Continuamos y seguimos, y vamos/ Los buenos tiempos ruedan y luego pasan/ Fue hace mucho tiempo y lejos, otra vez, otro día".

Hacia el sur

Tom Petty nació en Gainesville, Florida, en octubre de 1950, y fue el mayor de los dos hijos de Earl y Kitty. William, su abuelo paterno, era un trabajador de la madera en Georgia que se casó con una cocinera del aserradero. Corría 1910 y la mujer era cherokee, así que ambos huyeron hacia una nueva vida en la Florida que proyectaba Henry Flagler, el desarrollador hotelero que se había hecho millonario con la Standard Oil. Pero terminaron en el mismo pozo de pobreza que ya habitaban los campesinos negros y caribeños que se desplazaban por el sur, y que recién tuvieron rostro cuando la Administración para la Seguridad Agraria salió a fotografiar las calamidades de la Gran Depresión.

Los gemelos Earl y Pearl nacieron en una granja de Reddick, en Marion. La tez de su piel era como la de su madre indígena, así que no salían mucho. Earl aprendió a pescar y cazar, aunque tuviera que disputar las presas con los animales. "Una vez vi cómo le daba un empujón a un cocodrilo -recuerda Tom en el libro-, lo tenía justo detrás de la cabeza, lo empujó y lo hundió en el agua. Riéndose". El espíritu aventurero de Earl lo llevó a tomar un tren que silbaba cerca y llegaba a Gainesville. Allí, después de servir al ejército en la Segunda Guerra, conoció a Katherine Avery y creó el personaje con el que se montó al sueño americano de los '50.

"Me llevaría años superar lo que me hizo para poder comprender su situación", le confesó Petty a Zanes. "Yo solo veía lo de fuera, la bravuconería, el machismo, la ira. Sabíamos muy poco sobre el mundo del que procedía, porque lo mantenía a buen recaudo tras un muro que él mismo se había construido". Tom se crió en la calle y se educó con la televisión. "Él realmente sentía que la televisión le había dado amplitud a su sentido del mundo cuando la casa en la que estaba le producía claustrofobia", asegura el biógrafo.

La relación de Petty con su padre fue determinante para su carácter. Nunca obtuvo de él más que golpes y afrentas, lo que lo empujó a la introversión y la rabia. Aunque ya en su madurez Petty pudo perdonarlo, Zanes cree que la baja estima que de él tenía su padre fue un motor hasta sus últimos días: "Era un hombre trabajador. Y quería demostrarle a su padre que valía más de lo que su padre le permitía creer. Se levantó aquel día para probar su valía, otra vez".

Mírame, mamá, estoy haciendo ruido

Menos de una semana antes de la sobredosis accidental de medicamentos (fentanilo y oxicodona) del 2 de octubre, Petty había concluido la gira por los 40 años de su banda de toda la vida, los Heartbreakers, en el Hollywood Bowl de Los Ángeles. "Quiero agradecerles por cuarenta años de pasarla realmente bien", dijo antes de American Girl, una canción que tocó más de 700 veces en vivo.

"Si fuera fan y no tocaran American Girl o Free Fallin', me sentiría decepcionado", le había dicho a Rolling Stone poco antes de empezar la gira, en línea con su idea de lo que un artista de rock & roll debe ser capaz de dar. "Quiero continuar con la vibra que tuvimos en los espectáculos de teatro en los que tocamos muchas canciones populares, pero también darle a los fans de toda la vida algunos temas de lo profundo del repertorio".

En el caso de Petty, la distinción es apropiada. En cuatro décadas, ingresó 22 veces en el Billboard 200 y 28 de sus canciones llegaron al Top 10 del Billboard Hot 100. Es el artista de rock que más veces lo hizo en la historia del conteo, al que entró por primera vez en 1977 y regresó por último en 2014, cuando Hypnotic Eye llegó al tope. Según Nielsen Music, que monitorea ventas desde 1991, hasta el día de su muerte Tom Petty había vendido 20.2 millones de álbumes en Estados Unidos. Pero su vigencia era absoluta: contaba 11.9 millones de descargas solo en su país, y en su última gira cortó 637.000 tickets. Desde mediados de 2016 es parte del selecto Songwriters Hall of Fame.

Petty fue educado y moldeado por la industria del disco, lo que no le impidió enfrentarse a ella cuando se interpuso a sus ambiciones. A fines de los '70 y con un solo LP editado, se declaró en bancarrota para deshacer un contrato usurario con Shelter Records, un litigio con el que se ganó la enemistad y el respeto de toda la industria. Y arriesgó todo a ganador: produjo a escondidas Damn The Torpedoes (1979), el disco que contenía Here Comes My Girl y Refugee, dos canciones que compuso en la misma semana. De la segunda hizo 70 tomas hasta encontrar la que lo satisficiera. Según el guitarrista Mike Campbell, fueron 100.

"Recuerdo estar tan frustrado con ella -le reveló a Songfacts– que un día sencillamente salí del estudio y me fui de la ciudad por dos días. Ya no podía aguantar más la presión, pero luego volví y cuando nos reagrupamos fuimos realmente capaces de bajarla a la cinta".

"Eso se llama ser joven, tener hambre, estar lleno de confianza y de segundas intenciones", dice Zanes, que es músico y compartió escenario con Petty cuando era parte de The Del Fuegos. "No creo que se arrepintiera de esa lucha. Y creo que cada vez que un artista joven se entrega a ese tipo de ejercicios de tortura, crece. Muchos artistas jóvenes ya están en el bar cuando artistas como Petty recién están comenzando".

Si el álbum no hubiese sido tan bueno, el sueño de Petty difícilmente hubiese proseguido. "La relación de Petty con la industria era compleja", dice Zanes. "Cuando él se describe a sí mismo viajando a Los Ángeles, naive y sin un plan, y regresando a casa con ofertas de un par de sellos, es la descripción de un hombre al que le pasaron cosas increíbles porque había una industria musical. Pero cuando cuenta estar sentado en una sala del tribunal durante largas horas, intentando cambiar un contrato de grabación que dejó a una compañía con el saco de oro en lugar del artista, se debe a que algunas cosas de mierda pasaron en esa industria. Petty siempre tenía un ojo en el horizonte, y era lo suficientemente inteligente como para saber que el tesoro y las tribulaciones a menudo provienen de la misma fuente".

Tom Petty
Tom Petty

Está bueno ser rey, si es solo por un rato

Un año y medio más tarde, en mayo de 1982, Petty tuvo un encontronazo con MCA Records, que quería aprovechar la ola de Damn The Torpedoes para vender Hard Promises, su nuevo álbum, a un precio mayor al standard. Y en 1993, cuando Warner Bros. le ofreció un mejor acuerdo, apuró su desvinculación con un Greatest Hits que solo contenía una canción nueva. Era su forma de tensar la cuerda. La canción, Mary Jane's Last Dance, era un descarte que terminó siendo su primer gran hit de los '90, el que lo convirtió en una estrella pop de la era dorada de MTV: para el videoclip, soñó con Kim Basinger y ella accedió (aunque tuviera que hacer de cadáver): "Hice el video por una razón: Tom Petty. Ni siquiera me importaba de qué se trataba", le dijo la actriz a Billboard.

Mary Jane's Last Dance también fue la prueba de que los Heartbreakers podían seguir unidos. Después de formar los Travelling Wilburys en 1988 con Roy Orbison, Bob Dylan, George Harrison y Jeff Lynne, Petty consiguió su mayor éxito de ventas con Full Moon Fever (1989), un disco que grabó con el factótum de la Electric Light Orchestra y sin la banda.

Petty tuvo la oportunidad de conocer a sus héroes y trabajar con ellos. ¿Cómo creés que se sentía con ellos?

-Justo estaba mirando las fotos del hogar de George Harrison, Friar Park. ¡Qué lugar! Y mientras las miraba, me puse a pensar en Petty visitando a George y Olivia ahí. El chico de Florida, el fan de los Beatles, el pateador de mierda de clase obrera, ahí, en esa escena, con su héroe. ¡En qué mundo lo introdujo el rock & roll! Tiene todos los elementos de lo fantástico. Pero lo que lo saca de la fantasía es que Petty pertenecía a ese lugar. Él tenía lo que hay que tener. Sus héroes nunca miraron hacia abajo para poner sus ojos en él. Ellos se preguntaban qué iría a decir, qué sería lo próximo que haría. Era muy gracioso, listo para ir y encender el infierno, siempre preguntándose de dónde provendría la próxima canción y qué era lo que hacía que algunos discos fueran grandiosos. Era la clase de tipo que a la gente le gusta tener alrededor, incluso si son superestrellas.

No era avasallante, pero se hacía valer. Por ejemplo, cuando dejó ir al baterista Stan Lynch, o cuando convenció al resto de que la banda se apoyara en él y que por eso cobraría más. ¿Qué tipo de líder era?

-Petty era un gran líder para la banda. Hizo los sacrificios necesarios para hacer el trabajo como necesitaba ser hecho. Y creo que el resultado fue una pequeña soledad. Pero el modelo que no funciona si querés llevar adelante una banda es este: democracia. Ve en esa dirección y no durará mucho.

Es particular la relación con el guitarrista Mike Campbell, su socio principal. ¿En qué aspectos creés que se sostenía esa amistad?

-Pienso que puede haber un montón de amor en una relación de trabajo. Pero para que el trabajo prosiga, el amor debe poder vivir debajo de la superficie. El trabajo está primero. Pero no es una situación de uno u otro. Campbell y Petty tenían trabajo que hacer. Crecieron oyendo el llamado: "¿Dónde está el nuevo disco y cuál es el single?". No había mucho tiempo para quedarse sentado y teorizar, procesar el pasado, analizar relaciones. Si querían seguir en el juego, tenían que estar pensando acerca de la próxima canción y si tenía lo que se necesita para ser grabada. ¿Había amor? No sé, cómo dos hombres pudieron trabajar tan cerca uno del otro por tantos años y no quererse. Tenés que ser muy insensible para salir de esa relación simplemente satisfecho.

El núcleo creativo que formaron Petty, Campbell y el tecladista Benmont Tench se sostuvo pese al desgaste de las constantes grabaciones y giras, que Petty fue administrando según su instinto de supervivencia. A mediados de los '90, luego de haber editado el aclamado Wildflowers (1994), Petty se fue de su casa en Santa Mónica y vivió en un rancho, donde solo recibía a su amiga Stevie Nicks y a la cantante Dana York, con quien se casaría en 2001 tras divorciarse de Jane Benyo, su esposa desde los 19 años.

En sus charlas con Zanes, Petty se refiere a Wildflowers como su disco de ruptura: tal vez inconscientemente, estaba despidiéndose. Durante su funeral, su hija Annakim Violette posteó un verso de la canción -"Pertenecés a cualquier lugar donde te sientas libre"- en Instagram, y también a ella recurrieron para homenajearlo Miley Cyrus y su padre.

En aquel rancho sin teléfono, Petty desarrolló una dependencia de la heroína que logró ocultar por meses, mientras trabajaba como músico de Johnny Cash para el disco Unchained (1996), y que terminó impregnando el desgarrador Echo (1999), un disco marcado por la salida de Stan Lynch y la adicción incontrolable del bajista Howie Epstein, que moriría en 2003.

Un tesoro americano

Entre otras joyas escondidas, An american treasure (Reprise) incluye una versión en vivo de I Won't Back Down grabada en el Fillmore de San Francisco. Es 1997, y los Heartbreakers bajan el impulso del auditorio para mostrar sus heridas en una versión intimista y despojada. Las voces de Petty y Epstein se enlazan en una interpretación hermosamente frágil que recarga de sentido aquello de "no hay salida fácil".

La recopilación es una selección exquisita que marca un nuevo listón para esta clase de ediciones. Estuvo a cargo de la hija mayor de Petty, Adria (que ha trabajado para Beyoncé y Regina Spektor, por ejemplo) y los Heartbreakers Campbell y Tench, que volvieron a Clubhouse, el búnker que la banda tiene en Los Ángeles, para revisar cintas y agregar algunos overdubs.

El material, que recorre más de cuatro décadas, es de una consistencia demoledora. Además de inéditos, la compilación incluye tomas alternativas, muchas de las cuales se reducen a Petty y su guitarra. Como en un fractal, es una oportunidad para reparar en la estructura mínima de obras maestras de la canción, y observar cómo Petty y sus colaboradores eran capaces de convertirlas en una gran grabación. Aún después de antecedentes como Anthology: Through the Years (2000) o el cuádruple Live Anthology (2009), An american treasure es la muestra más acabada de una obra que puede leerse, como escribió Martín Graziano, como un único y gran libro sobre el lado B del sueño americano.

(Getty Images)
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Lo insalvable de las distancias, la soledad de sentirse un envase vacío y la melancolía de las pequeñas ciudades; la furia de no encajar, el frenesí de un amor puro o la desazón de saberse a la vera del camino. Los personajes de Petty transitan esas emociones en una tierra que promete más de lo que puede dar, y en imágenes vagamente autobiográficas, como las de Southern Accents o Into The Great Wide Open. Es como si las hubiese escrito al encenderse las luces de una sala donde se proyectó su propia vida.

Si Bruce Springsteen buscó las historias colectivas que recuperaran la épica del país de la libertad y las oportunidades, aún cuando devore a sus hijos como Saturno, para sostener las batallas de cada día, las de Petty son las que aparecen al crepúsculo, antes de unas cervezas, para reencontrarte con tus deseos o celebrar, con media sonrisa, que después de todo las cosas no salieron tan mal. Petty se permitía ser vulnerable sonando irrompible, subido a la gran maquinaria del rock & roll pero con la pronunciación lenta y arrastrada de los pantanos del sur.

"Tanto la televisión como las películas le enseñaron el oficio de contar historias", asegura Zanes."Y él fue afortunado en crecer en un tiempo en el que pudo ver algunas muy buenas películas en el teatro. Sí, había un montón de basura entonces como ahora, pero también se tropezó con las películas de John Ford y William Wyler. Y para poder ver estas obras maestras, tenía que ir a los teatros. Ver una película en un teatro es meterse en otro mundo. Las computadoras nunca podrán competir con eso. Así que, cuando Petty se convirtió en un storyteller, lo encaró de la misma manera: él quería que quien lo escuchara sintiera que se metía en otro mundo, un lugar donde una historia completa era contada, guiada por personajes creíbles con sangre en sus venas".

¿Qué admirás de Petty como compositor?

-Encontró una forma de transformar el dolor en belleza.

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