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El joven musulmán que puede terminar con Boris Johnson

Alí Milaní.
Alí Milaní.

No muy lejos del aeropuerto Heathrow de Londres, en un barrio típico de casas de ladrillos a la vista y autos estacionados en la entrada, un muchacho golpea las puertas y entrega panfletos de propaganda política. Es Alí Milaní, de 25 años, de cultura musulmana y origen iraní. Hijo de una madre soltera que emigró a Inglaterra cuando él tenía cinco años. Joven líder del Partido Laborista del distrito de Uxbridge and South Ruislip que aspira a pasar a la historia derrotando en las próximas elecciones al primer ministro Boris Johnson que es miembro del Parlamento del Partido Conservador por ese barrio. El "vengador" del Brexit, le dicen en alguna prensa laborista. La persona que podría "castigar" al premier de pelo desordenado y dispuesto a dejar la Unión Europea a las malas.

Milaní dejó Irán a la edad de cinco años. Recuerda poco de su país de origen y no está seguro de si sus recuerdos están construidos a partir de historias contadas una y otra vez por su madre. Cuando era niño hablaba inglés sólo en la escuela; en su casa se hablaba farsi. Es el idioma que todavía usa para llamar a su padre que sigue viviendo en Irán. Se han visto unas cuantas veces en Estambul o París. Para Alí, regresar a Irán no es una opción.

Alí vivió toda su vida en Uxbridge. Es un muchacho del barrio que jugaba al fútbol en las calles con otros hijos de inmigrantes de Asia y el Caribe. Todos saben quién es y que defiende los intereses de sus vecinos. En cambio, Boris Johnson se lanzó al barrio en paracaídas. Era históricamente un distrito muy conservador y cuando dejó el gobierno de la ciudad de Londres se acordó que allí había una casa que pertenecía a su familia. Se presentó como candidato al Parlamento y ganó. Ya era muy popular y mucha gente de Uxbridge pensó que un personaje como Johnson iba a ponerlos en el mapa. Pronto se dieron cuenta que a Johnson el barrio le importaba poco y que lo había utilizado como plataforma para llegar a la famosa casa del premier en la calle Downing de Westminster, en el centro, lejos de las casitas de ladrillos a la vista. En la última elección, hace dos años, la ventaja de Johnson se redujo a la mitad, ganó por apenas 5.034 votos. Los laboristas lo tomaron como un triunfo. En 2016, el Brexit ganó allí por el 57% de los votos. Ahora, dicen, los partidarios de la salida de la Unión Europea no sacarían ni la mitad de esos votos. El mes pasado, los laboristas decidieron apostar a este chico del barrio para ganar un asiento clave en el Parlamento y de paso "revertir el sentimiento del Brexit".

Milaní siempre se interesó por la política y desde los 15 años participa en grupos de acción social y universitaria. Fue hasta hace poco el presidente de la Unión Nacional de Estudiantes. Hace nueve años, cuando Boris Johnson era el intendente de la ciudad, un adolescente Milaní protestaba frente a sus oficinas sobre el Támesis por el aumento en las cuotas de la matrícula de las escuelas y facultades. Se encaminaba a estudiar artes en la universidad de Brunel, no muy lejos de su casa. Y fue precisamente allí, en ese college, donde se enfrentó "cara a cara" por primera vez con Johnson. Fue en un debate sobre la necesidad de crear un centro de votación y de cómputos en Brunel, donde pudiera ser controlado por la gente del distrito. "Era muy joven e inexperto, pero tenía la osadía de decir cualquier cosa sin importarme quién estuviera frente mío si estaba convencido de lo que decía. Y así fue con Boris. Finalmente ganamos y ahora tenemos un centro de votos en Brunel", cuenta Alí en una entrevista que le hizo la última semana la cadena de televisión ITN. El enfrentamiento de Brunel, sobre todo, fue un choque entre el "privilegiado" político de clase alta, educado en el exclusivo Eton College, contra el chico inmigrante de clase trabajadora de una universidad de medio pelo. Y esa puja es la que se reedita ahora en Uxbridge.

Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido. (REUTERS/Dylan Martinez)
Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido. (REUTERS/Dylan Martinez)

Nunca antes un primer ministro en ejercicio perdió su escaño en una elección general. Y aunque Johnson todavía tiene que convocar a una elección anticipada, muy probablemente antes de que termine el año, Milaní no pierde el tiempo y hace campaña intensiva en su intento de derrocar al primer ministro. "¿Te imaginas?", se pregunta Alí frente a la cámara, "ese momento en que nos paramos en el escenario y el funcionario municipal que viene y lee el resultado…un residente local de 25 años ha derrocado al primer ministro por primera vez en la historia". No es tan descabellado. La consultora Onward, que asesora a los conservadores, clasificó al asiento de Uxbridge como "vulnerable" debido a que en los últimos años tuvo una fuerte migración de jóvenes profesionales y liberales. Para representarlos, ahora tienen a este joven iraní fanático de los cómics y cuyo personaje favorito es Superman.

Lo que más atrae a Milaní de su querida colección de cómics es "la clásica historia del bien contra el mal". Una narrativa que le permite describir a su rival. Pone a Johnson en la misma canasta que a Donald Trump y a Jair Bolsonaro, que, según él, representan un "estilo político descarado, de derecha antiliberal y muy desagradable". Él se ve a sí mismo como parte de una "ola de jóvenes pensadores progresistas de todo el mundo". Y compara la educación privilegiada de Boris en Eton con su propia infancia en una casa subsidiada y una madre soltera que "luchaba para pagar la factura de la electricidad". "No fui cincelado desde el nacimiento para ser diputado o primer ministro como él", dijo en otro reportaje del Daily Mirror. "Crecí aquí. Utilizo los mismos hospitales que las personas de aquí, estudié en las mismas escuelas que las personas de aquí", recita Milaní. "Y creo que las personas merecen líderes que entiendan cómo es vivir como ellos, como nosotros. Por ejemplo, tenemos mucha contaminación proveniente del aeropuerto de Heathrow, y ahora quieren construir una nueva pista aún más grande y ruidosa. Tenemos unas de las peores calidades de aire de Londres", sigue Alí. "Entonces, cuando digo que Boris no es de aquí, quiero decir que literalmente no respira el mismo aire que respiramos nosotros, los del barrio".

En el centro comercial de Uxbridge, Milani saluda al dueño de un bullicioso café griego con la familiaridad de un viejo amigo. Se sienta entre otros clientes y comienza una conversación sobre los "comentarios descaradamente ofensivos" de Johnson, como comparar a las mujeres musulmanas con velo a buzones de correo (en Gran Bretaña algunos buzones son cuadrados y negros), "una vergüenza para esta comunidad multicultural". Aunque su propio historial sobre observaciones raciales también tiene unas cuantas manchas. En 2012, escribió varios tuits antisemitas, incluido uno en respuesta a un hilo que decía: "No, no te vas a aparear. Te costará caro #jew". En otro tuit dijo que "Israel no tiene derecho a existir" y que "la opresión israelí sobre los musulmanes debe ser desterrada de raíz". Milanì se disculpó públicamente por esos comentarios, que hizo cuando era adolescente "aunque siempre son incorrectos". Dijo que desde entonces había "tomado medidas serias para ganarse la confianza de la gente", como visitar Auschwitz, comunicarse con la comunidad judía y hacer "entrenamiento contra el antisemitismo". La prensa conservadora aprovecha esta vulnerabilidad de Milaní y la compara con otros comentarios tachados de "antisemitas" que habría lanzado el propio líder laborista Jeremy Corbyn, algo que él oficialmente niega.

En otra entrevista con el sitio de noticias "Joe", Milaní reveló que su madre, Amina, tiene sentimientos encontrados sobre su batalla electoral. "Y sí, por un lado, está súper orgullosa, pero por otro está aterrorizada por lo que me podría pasar. Recibimos muchas amenazas y mensajes de odio por el correo. Y muchas de esas cartas van dirigidas directamente a ella", cuenta. Pero Milaní asegura que no tiene miedo y que para superar esa situación sólo debe hacer una campaña más dura para que lo conozca personalmente hasta el último de los potenciales votantes. "Los conservadores tienen que ver que no soy un monstruo extranjero. Y una vez que me conozcan, se van a terminar esos mensajes odiosos", explica. "Eso sí, que no esperen que yo vaya al Parlamento con los trajes caros y las corbatas de diseño de Boris. Y mucho menos con mi pelo cuidadosamente revuelto", dice con una sonrisa amplia el chico que podría "vengarse" del hombre que se dispone a aislar, definitivamente, a Gran Bretaña del continente europeo.

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