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Luego de los temblores, Angela Merkel rompió el protocolo y escuchó el himno alemán sentada

Angela Merkel escucha el himno sentada junto a su par danesa Mette Frederiksen (Reuters)
Angela Merkel escucha el himno sentada junto a su par danesa Mette Frederiksen (Reuters)

La canciller de Alemania, Angela Merkel, prefirió escuchar sentada el himno de su país este jueves en Berlín para evitar así un nuevo episodio de temblores que han generado una ola de especulaciones en torno a su salud en las últimas semanas. Se trata de un inusual quiebre de protocolo para la mandataria germana.

Merkel recibió a la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, a su llegada en coche a la Cancillería y juntas caminaron hasta las sillas colocadas frente a la orquesta, donde tomaron asiento para escuchar seguidamente los himnos danés y alemán.

Durante la posterior conferencia de prensa, se le preguntó a la canciller si había visto a un doctor, pero Merkel evitó dar detalles.

Las sillas preparadas para Merkel y Frederiksen, un inusual quiebre de protocolo (Reuters)
Las sillas preparadas para Merkel y Frederiksen, un inusual quiebre de protocolo (Reuters)

"Pueden asumir que, primeramente, conozco las responsabilidades de mi puesto y que por tanto actúo en consonancia con respecto a mi salud", señaló Merkel, de acuerdo a la agencia AFP. "Y en segundo lugar, pueden asumir que como persona, tengo un interés personal por tener buena salud y me ocupo de ello", agregó.

Frederiksen dijo por su parte que había encontrado a su par alemana "tan fuerte y competente como siempre".

La canciller había sufrido el miércoles un nuevo episodio de espasmos, el tercero en poco más de tres semanas, durante el recibimiento con honores militares del primer ministro finlandés, Anti Rinne.

(El episodio de temblores del miércoles)

Poco después, Merkel aclaró durante una rueda de prensa conjunta con Rinne que se encontraba "muy bien" y achacó este nuevo episodio a que todavía está procesando el que le sobrevino el 18 de junio durante el recibimiento con honores militares al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski.

"Me encuentro muy bien. Ya dije recientemente que todavía me encuentro en una fase de procesamiento [del incidente] de los honores militares con el presidente Zelenski. Aparentemente no está finalizado del todo, pero hay progresos y tendré que vivir con ello un tiempo", dijo, según EFE, y aseguró que "no hay de qué preocuparse".

El estado de salud de Merkel, que el próximo 17 de julio cumplirá 65 años, ha despertado preocupación y desatado especulaciones no sólo en Alemania desde el primer episodio de espasmos, que la canciller atribuyó entonces a un supuesto problema de deshidratación.

Angela Merkel lleva 14 años en el poder y mantiene una rutina de trabajo muy extenuante (REUTERS/Fabian Bimmer)
Angela Merkel lleva 14 años en el poder y mantiene una rutina de trabajo muy extenuante (REUTERS/Fabian Bimmer)

Tras un segundo episodio de temblores una semana más tarde durante un acto público en el palacio de Bellevue, la sede de la Presidencia alemana, Merkel aseguró el pasado día 29 en una rueda de prensa durante la cumbre del G20 en Osaka (Japón), que se encontraba bien y que no tenía "nada particular de qué informar".

"Me encuentro bien. Estoy convencida de que de la misma manera que esta reacción hizo su aparición, también volverá a desaparecer", zanjó entonces al referirse a un posible factor neurológico.

Especulaciones y discreción

Los síntomas de los temblores son en todo caso tan vagos que nadie en círculos médicos se anima a hacer un diagnóstico definitivo, y los hay que van desde tremor psicosomático hasta indicios de Párkinson, según indicó el corresponsal Sergio Correa de la cadena francesa RFI, aunque la prensa alemana mantiene una enorme discreción sobre el tema.

Merkel se convirtió en canciller de Alemania en 2005 y, tras obtener en 2018 un cuarto mandato, anunció su retiro programado para el 2021. Lleva ya casi 14 años en el poder y de cumplir su promesa habrá estado un total de 16, durante los cuales fue siempre admirada por su rutina de trabajo (jornadas diarias de entre 14 y 16 horas) y su manejo del estrés y las enormes tensiones de gobernar la primera potencia económica de Europa en años de crisis financiera y debilidad en la Unión Europea. Pero todo, parece, tiene un límite, incluso para Merkel.

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