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«Yo no quería que se fueran»: Una familia salvadoreña llora a Óscar y Valeria Martínez

Rosa Ramírez, de 46 años, en su hogar en la zona de Altavista en el barrio salvadoreño de San Martín. Es la madre de Óscar Alberto Martínez Ramírez y abuela de Angie Valeria, quienes murieron en el río Bravo. (foto: Daniele Volpe para The New York Times)
Rosa Ramírez, de 46 años, en su hogar en la zona de Altavista en el barrio salvadoreño de San Martín. Es la madre de Óscar Alberto Martínez Ramírez y abuela de Angie Valeria, quienes murieron en el río Bravo. (foto: Daniele Volpe para The New York Times)

Rosa Ramírez le suplicó a su hijo que no se fuera de El Salvador, con su esposa y su hija de 23 meses, hacia Estados Unidos. El riesgo era demasiado grande.

Él sentía que no tenía más opciones. Su barrio estaba controlado por una pandilla que se enriquecía con el tráfico de drogas, la extorsión y la violencia. Pero, según Ramírez, lo más difícil de todo es que apenas podían llegar a fin de mes con su trabajo en restaurantes de comida rápida, por lo que habían cifrado todas sus esperanzas en llegar a los Estados Unidos.

Pero nunca lo lograron.

El domingo pasado, después de pasar varias semanas de viaje, su hijo Óscar Alberto Martínez Ramírez, de 25 años, y su nieta, Angie Valeria, de 23 meses, se ahogaron mientras intentaban cruzar de México a Texas.

Su destino, captado en una fotografía estremecedora que mostraba al padre y su hija tumbados boca abajo en las fangosas aguas del Río Bravo, se ha convertido en un punto central del debate sobre el flujo de migrantes que avanzan hacia la frontera estadounidense y la determinación del presidente Donald Trump para detener la llegada de esas personas.

Los críticos del mandatario han retomado el caso de la familia Martínez, y el senador Chuck Schumer de Nueva York calificó las políticas gubernamentales como "un torbellino de incompetencia, lo que termina produciendo imágenes como esta".

Una bebé y su padre, ambos de El Salvador, murieron ahogados al intentar cruzar el Río Bravo (Foto: EFE)
Una bebé y su padre, ambos de El Salvador, murieron ahogados al intentar cruzar el Río Bravo (Foto: EFE)

Trump y sus partidarios han respondido a las críticas acusando a los demócratas de una inacción que ha empeorado la crisis. El senador Mitch McConnell de Kentucky ha calificado la actitud de los líderes demócratas como "poco cooperativa y sin interés en nada, excepto en las poses políticas".

Sin embargo, muchos residentes de San Martín, la ciudad natal de Martínez, apenas se han enterado de la acalorada batalla política que se libra en Washington y los constantes esfuerzos de Trump para bloquear el ingreso de migrantes han tenido poco impacto en la decisión de hacer la peligrosa travesía.

"Él puede decir lo que quiera, que va a levantar una pared de no sé cuántos metros", dijo José Alemán, de 48 años, socio de un negocio local de lavado de autos. "Pero se siguen yendo".

La muerte de Martínez y su hija ha visibilizado un importante factor que impulsa la migración desde Centroamérica y otros lugares: las dificultades económicas.

En los últimos años se ha prestado mucha atención a la violencia desenfrenada que ha desencadenado la migración hacia el norte de tantos salvadoreños y residentes de países como Guatemala y Honduras.

Pero tal vez el mayor impulso, según los funcionarios y residentes, ha sido la economía, especialmente la pobreza y la falta de buenos empleos.

La familia Martínez llegó hasta la ciudad fronteriza de Matamoros, en el norte de México, el fin de semana pasado donde, según sus familiares, esperaban cruzar hacia los Estados Unidos y solicitar asilo. Aunque dijeron que el puente estaba cerrado, el domingo por la tarde decidieron vadear el Río Grande.

Un parque de juegos en el complejo habitacional donde vivía la familia que, como muchas personas de clase obrera en El Salvador, estaba siempre al borde de la pobreza
Un parque de juegos en el complejo habitacional donde vivía la familia que, como muchas personas de clase obrera en El Salvador, estaba siempre al borde de la pobreza

Martínez entró primero, cargando a su hija sobre la espalda y metida debajo de su camiseta. Su esposa, Tania Vanessa Ávalos, lo siguió, montada en la espalda de un amigo de la familia, según le dijo a los oficiales mexicanos.

La mujer también le contó a las autoridades que su esposo se veía muy cansado mientras nadaba contra la fuerte corriente hacia la orilla opuesta. Sintiéndose angustiada, Ávalos decidió regresar al lado mexicano pero pudo ver cuando su esposo e hija, ya cerca de la orilla estadounidense, se hundieron y fueron arrastrados por el agua.

"Yo no quería que se fueran", dijo la semana pasada la señora Ramírez, la madre de Martínez, en una entrevista en la pequeña casa de dos habitaciones que compartía con su hijo y su familia. "Pero no siguieron mi consejo".

No está claro cómo pretendía la familia Martínez defender su caso de asilo, o incluso si entendieron la base legal para obtener esa protección. La esposa de Martínez, Tania Ávalos, no respondió a las solicitudes de entrevista.

Pero Rosa Ramírez dijo en varias oportunidades que su hijo y su familia no estaban huyendo de persecuciones o amenazas, las condiciones básicas para obtener asilo en los Estados Unidos.

Una calle en Altavista, cuyos residentes dicen que hay una fuerte presencia de la pandilla Barrio 18
Una calle en Altavista, cuyos residentes dicen que hay una fuerte presencia de la pandilla Barrio 18

Emigraron "solo por la situación económica", dijo. "Lamentablemente, los salarios aquí son muy bajos y no son suficientes", agregó en voz baja.

Trump ha criticado lo que él califica como el fraude de asilo y ha impuesto restricciones al sistema en un esfuerzo por frenar los abusos, unas medidas que según los defensores de los derechos humanos y de los migrantes ponen en peligro la vida de los solicitantes de asilo que tienen reclamos legítimos.

Los residentes y funcionarios dicen que una pandilla domina Altavista, el vecindario donde vivía la familia. Pero Ramírez y otro pariente dijeron que los pandilleros no habían puesto directamente en peligro a sus familiares.

Como sucede con toda la clase trabajadora de El Salvador, esa familia luchaba por sobrevivir porque estaban al borde de la pobreza.

"No hay oportunidad, no hay trabajo", dijo Víctor Manuel Rivera, alcalde de San Martín. Estimó que alrededor del 50 por ciento de los residentes de la municipalidad que tienen título de secundaria, están desempleados. "Todos los días lo oigo: 'Me voy a Estados Unidos'", dijo.

Aquí la gente habla de "la situación" para describir la lucha económica que muchos enfrentan. A menudo, la solución es otra frase: "El sueño americano".

Niños jugando en Altavista. La gran mayoría de los migrantes de ese barrio son jóvenes
Niños jugando en Altavista. La gran mayoría de los migrantes de ese barrio son jóvenes

"No se me ha ocurrido irme para allá", dijo Salvador Humberto Andrade Torres, de 59 años, vecino de la familia Martínez, refiriéndose a Estados Unidos. "Pero a mucha gente se le ocurre".

Los funcionarios describieron el vecindario y todo el municipio de San Martín, como una "comunidad de dormitorios" porque muchos residentes viajan diariamente, en promedio, alrededor de dos horas para trabajar en la capital, San Salvador.

Sin embargo, según sus familiares, Martínez y Ávalos trabajaban relativamente cerca de su hogar. Ella era empleada de un restaurante de comida china en un centro comercial de clase media, y él estaba en varias sucursales de la cadena de pizzerías Papa John's.

Pero la pareja, a pesar de que compartían los gastos del hogar con la señora Ramírez y su pareja, tenían dificultades con sus salarios de alrededor de 300 dólares al mes. El otoño pasado, comenzaron a hablar sobre la migración a los Estados Unidos.

La mayoría de los que emigran son jóvenes, como ha sido el caso durante generaciones. Pero en los últimos años, el municipio también ha visto un fuerte aumento en el número de familias que migran, como parte de una ola de migraciones familiares de Centroamérica a los Estados Unidos.

Ramírez dijo que, de vez en cuando, hablaba con su hijo mientras la familia hacía el viaje hacia el norte pero él no le daba muchos detalles. "Le preguntaba y me decía: 'Estamos bien, estamos bien'", recuerda.

El alcalde de San Martín, donde se encuentra Altavista, asegura que todos los días alguien le dice que planea irse a Estados Unidos
El alcalde de San Martín, donde se encuentra Altavista, asegura que todos los días alguien le dice que planea irse a Estados Unidos

La despedida fue triste. La familia se reunió para una sencilla cena dominical durante una tarde de la primavera. Rosa Ramírez preparó un estofado de carne, "a ellos les encanta", dijo.

Varios días después, cuando se dirigía a su turno de noche en la fábrica de ropa donde trabaja, Ramírez se despidió de su hijo y su familia. Cuando regresó por la mañana, ya se habían ido.

Ramírez recuerda a su hijo como un padre leal y cariñoso y "un hijo responsable, amable y respetuoso".

Su nieta, Angie Valeria, era "feliz, inteligente". Mientras hablaba, se sentó en un sofá desgastado cubierto por una sábana decorada con imágenes de princesas de las películas animadas de Disney. Una sola bombilla iluminaba la habitación y algunas mariposas de cerámica adornaban las paredes.

Luego de que los cuerpos fueron descubiertos el lunes, Ramírez se topó con las fotos de su hijo y su nieta en el teléfono celular. Su hija las tuvo que borrar para evitarle el dolor.

"Me sentiría mal cuando las miraba", dijo Ramírez.

Es una agonía que espera que otras personas nunca sufran.

"No arriesgue la vida de sus hijos", dijo, con la esperanza de advertir a los demás contra la posibilidad de emprender el peligroso viaje a la frontera estadounidense. "Los que están pensando en esto, no lo hagan".

"Preferiría vivir aquí, en la pobreza, que arriesgar mi vida", agregó. "Pero no todos pensamos de la misma manera".

* Copyright 2019 New York Times News Service

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