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Cambiemos, una cuerda que se tensa pero (aun) no se rompe

La preocupación por llevar al año electoral con un peronismo unificado desplazó de la agenda pública lo importante, y a la vez complejo, que es en algunas provincias lograr la unificación del radicalismo.

La Pampa fue un primer ejemplo de ello. Sin embargo, la elección a gobernador que tendrá lugar en Córdoba en menos de dos meses ha despertado un quiebre pro parte del radicalismo en Cambiemos que anticipa una serie de resultados pesimistas.

La pregunta que se hacen en Casa Rosada es si esta disidencia cordobesa tendrá una repercusión negativa, primero en Córdoba, pero esencialmente en la candidatura nacional de Macri.

Una historia de dos radicalismos

El calendario electoral comenzó su travesía el pasado 17 de febrero en la provincia de La Pampa y luego, el 10 de marzo en Neuquén. Si bien cada distrito del país es importante en el concierto de provincias, el próximo 12 de mayo será el turno de uno de los distritos centrales. La provincia de Córdoba es un escenario ansiado por aquellos que creen que ganar una contienda populosa sirve como un piso, para hacer pie en una campaña nacional.

Para los estrategas electorales hay ciertas variables que vuelven a algunos territorios, contiendas estratégicas. Una de dichas variables es la densidad demográfica. Entre las tres ciudades más populosas del país están Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y Rosario, sumando 5.7 millones de habitantes y cerca del 12% del padrón electoral nacional.

Así, la provincia de Córdoba, sede –entre otras características- de la segunda ciudad más poblada del país con 1.4 millones de habitantes- es el bastión de una de las facciones del radicalismo provincial. El intendente de la ciudad, Ramón Mestre, ha protagonizado en jornadas anteriores lo que se ha conocido como "un quiebre en Cambiemos", una disidencia respecto a la candidatura que respalda Casa Rosada y que es encabezada por el diputado nacional Mario Negri.

Cabe aclarar que si bien el quiebre es por el no acuerdo sobre quien debería encabezar la lista a gobernador de la provincia, el apoyo de Macri por parte de Mestre y Negri se mantiene –hasta ahora- intacto. A todas luces es un quiebre muy particular, pero que podría tener un correlato negativo para las aspiraciones reelectorales de Macri. Más aun recordando el rol decisivo que tuvo dicha provincia en la contienda electoral del 2015.

La forma de dilucidar la disputa se convirtió en una tensión irresoluble. El radicalismo cordobés no pudo acordar la convocatoria a unas primarias, como tampoco encargar –como si lo habían hecho los radicales en La Pampa- una encuesta provincial. Los benefactores de Mestre –entre ellos su candidato a sucederlo y yerno del ministro de defensa Oscar Aguad, Rodrigo de Loredo-, le adjudican poder conducir la militancia y los resortes del partido a nivel local –en la ciudad- y también en algunas ciudades del resto de la provincia. Por su parte los simpatizantes de Negri –entre ellos la misma Elisa Carrió y el PRO cordobés, es decir Héctor Baldasi y el candidato de Negri en la ciudad de Córdoba, Luis Juez -señalan que el diputado cuenta con mayor conocimiento y aceptación entre los cordobeses, tanto radicales como de otros partidos. En resumen, lo que el radicalismo padece en Córdoba es haber escindido dos elementos centrales en cualquier campaña electoral: la imagen y el aparato.

El descontento en Balcarce 50, basado en que los candidatos no priorizaron el objetivo central del presidente, su propia candidatura, se ve relativizado. En ultima instancia esto es una competencia local que podría beneficiar el afluente de votos que Córdoba, si Cambiemos logra ganar la gobernación, le podría significar a Macri. Por otro lado, la buena relación que Juan Schiaretti, gobernador de Córdoba, ha sostenido durante su gestión con el presidente, abre la posibilidad de que, lejos de tener Macri un enemigo peronista acérrimo, el gobernador sea para él un mal menor.

La unidad: ¿es imprescindible en todos los casos?

Un tema recurrente en el peronismo –por lo menos desde 1983, campaña electoral que se realiza sin su líder con vida- es la renombrada "unidad del peronismo". Sin embargo, esta contienda vuelve a dar razones para que el objetivo de generar consensos hacia adentro de los partidos políticos no sea tomado a la ligera.

A cuatro años de haber respaldado la candidatura de Macri –primero con la formación de Cambiemos y luego tras la derrota de Ernesto Sanz en las PASO- los radicales están hoy ante el desafío de decidir si respaldarán al presidente de forma altruista, y sobre todo en un contexto complejo como el que atraviesa la económica actual, o si por lo contrario decidirán competir contra él, con un candidato capaz de derrotarlo.

Si este último fuese el resultado de la convención radical que se celebrará en 2019, y en donde se decidirá cual será el destino de los radicales en Cambiemos, las ofertas de posibles candidatos son variopintas. Desde Martín Lousteau, pasando por Ricardo Alfonsín, hasta el actual presidente del radicalismo y gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, etc.

La incógnita que sobrevuela sobre los estrategas de Macri, tras la decisión del radicalismo de competir por la gobernación cordobesa con dos candidatos es, si de tanto hablar de la unidad del peronismo, ¿qué pasaría si lo que se rompe –con este antecedente- es Cambiemos? Hasta ahora, la habilidad del gobierno fue sostener tensada esa cuerda llamada "Cambiemos", pero evitando su desgarro.

El autor es sociólogo, consultor político y autor de "Gustar, ganar y gobernar" (Aguilar, 2017)

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