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Mario Negri sembró más dudas sobre las primarias de Cambiemos en Córdoba: «No se pueden organizar a lo Maduro»

Luego de intensas y crispadas negociaciones, en las cuales el Gobierno bregó por que hubiera una fórmula de consenso, el diputado nacional Mario Negri y el intendente Ramón Mestre, los dirigentes de Cambiemos que aspiran a la gobernación de Córdoba, no llegaron a un acuerdo y resolvieron dirimir en una primaria el 17 de marzo quién enfrentará a Juan Schiaretti.

Sin embargo, los comicios podrían no llevarse a cabo. Sucede que la logística y los costos no se podrían afrontar en tan poco tiempo. Por ejemplo, el Correo Argentino cotizó 17.388.000 pesos más IVA por la prestación del servicio -traslado de urnas, telegramas y actas de 1.499 mesas- pero dijo que necesita 35 días para una prestación "satisfactoria".

La segunda empresa consultada, Ocasa, directamente contestó que no se puede realizar. Y Andreani aún no respondió si podría hacerlo, aunque está claro que los 17 días que faltan no son suficientes para nadie.

El otro punto es el financiamiento. Los comicios tendrían un costo de entre 10 y 30 millones de pesos y aún no hay acuerdo sobre cómo ni quién lo afrontará. En un principio, se estipuló que lo pagaran las listas que compitieran, pero desde el entorno de Negri plantearon ante la Junta Electoral de Cambiemos que lo financien los partidos.

Lo cierto es que ni Negri ni Mestre tienen decidido bajarse de la contienda y no hay precisiones de qué sucederá si las primarias no pueden hacerse. Una posibilidad es que se rompa Cambiemos en Córdoba y que ambos candidatos compitan con listas diferentes, algo que beneficiaría al peronismo y que definitivamente el Gobierno no quiere.

Mario Negri y Ramón Mestre, juntos en Monte Cristo
Mario Negri y Ramón Mestre, juntos en Monte Cristo

Las encuestas favorecen a Negri. Esto lo saben en Casa Rosada y en la Mesa Nacional de Cambiemos. De hecho, a comienzos de febrero hubo un encuentro entre Mestre, Marcos Peña y Humberto Shiavoni, apoderado del PRO, en el cual se resolvió que el candidato se elegiría por los sondeos. La sospecha del círculo de Negri es que, al darse cuenta Mestre de que esto lo perjudicaba, desistió y decidió jugar igual en la interna. Hasta hubo una reunión entre Negri y Mestre un viernes a la noche en la que el diputado nacional intentó, con números en mano, llegar a un acuerdo. No hubo caso.

Entrevistado por Infobae, Negri se refirió a esta situación y se consideró una "víctima" de lo que pueda suceder: "Como yo no integro la Junta Electoral, en diciembre del año pasado pedí a la conducción de mi partido, que el presidente Mestre era candidato no oficializado, que las instituciones que se armaran para regir un proceso de la coalición estuviésemos en paridad de condiciones. No se puede pensar que los procesos internos en nombre de la democracia se organicen al modelo de Maduro. Hasta el día de hoy no me contestaron nunca y el partido designó en la Junta Electoral a dos militantes que representan a Mestre".

—¿Está conforme por cómo se resolvió ir a internas?

—Desde un principio dije que había que buscar consenso porque Córdoba tiene una complejidad y es que no hay ley de PASO. Entonces Cambiemos tenía que atravesar un proceso entres sus integrantes solamente. Siempre dije que había que tener mucho cuidado porque el peronismo, que está hace 20 años, podía meter la cola. No obstante eso, de los cuatro partidos que integran la coalición hay tres que se manifestaron en favor de mi candidatura y la de Baldassi: la Coalición Cívica, el PRO y el Frente Cívico. Luego hay una parte del radicalismo que propone otro candidato. Estoy convencido de que hice todos los esfuerzos para encontrar un consenso, pero no porque les tenga miedo a las internas.

—¿Por qué no se logró el consenso?

—No sé, para bailar el tango hacen falta dos. Yo hice todos los esfuerzos. En algún momento se planteó tener en cuenta las encuestas, como se ha hecho muchas veces. Por lo menos era un dato más a tener en cuenta, aunque no el único. Me informaron de la Mesa Nacional de Cambiemos que eso había sido aceptado, después que no, después que sí pero de forma no obligatoria. La verdad es que no tengo ningún tipo de problema. Hablé con Mestre, le propuse que busquemos un modo de acuerdo porque lo que tenemos al frente es la posibilidad cierta de cambiar Córdoba. Hay que utilizar los esfuerzos y las energías al servicio de desalojar al peronismo democráticamente después de 20 años de gobierno. Un proceso interno tiene que tener la característica obvia de la absoluta transparencia y tranquilidad de todos los que lo integran. Trabajo para ser gobernador de Córdoba y creo que lo voy a ser. Están dadas las condiciones del cambio. Son 20 años de "siga, siga". Solo dos personas han gobernado la provincia y el franco deterioro en seguridad, salud, ambiente, hacen que sea la consecuencia de un gobierno que cree que se queda toda la vida, sumado a los errores nuestros de no haber encontrado una alternativa. Pero cuando llegaron hace 20 años el peronismo prometió bajar los impuestos y hoy Córdoba tiene los impuestos más caros de la Argentina, los Ingresos Brutos más altos del país y las empresas de energía con las tarifas más altas de la Argentina. Y el endeudamiento que ronda los 170 mil millones de pesos. Esa complejidad ha hecho que ni siquiera me entretenga con el tema interno. Lo mínimo que pueden hacer es garantizar la transparencia.

—¿Cómo quedó su relación con Mestre después de que la Casa Rosada lo ungiera como candidato?

-A mí la Casa Rosada no me ungió como candidato. Eso es una mentira planetaria. La Mesa Nacional de Cambiemos, según me informaron a mí, se había comunicado con el doctor Mestre, cosa que me ratificó él, que le habían manifestado que la fórmula más competitiva era la que integraba yo y Baldassi, que hace rato es así, les guste o no, la tengan en cuenta o no. Me llamó la atención. Nunca fui a la Casa de Gobierno a pedir una candidatura. Es una chicana barata. Si hay alguien, cualquier persona de Cambiemos, que sea un punto más competitivo que yo, dejo de ser candidato en el acto. Se lo dije personalmente a todos, incluido a Mestre. Quisiera saber si eso ocurriría a la inversa.

—¿Cuál es la diferencia de propuestas entre usted y Mestre?

—No busco diferencias de propuestas con Mestre, sino con el gobierno (provincial). Yo voy a ser gobernador solo por cuatro años. En los últimos 40 años en Córdoba gobernaron 4 personas. Ese vanguardismo que perdió Córdoba pasa por una transición. Me comprometo a mandar una consulta popular, a reformar la Constitución y que aquel gobernante que sea reelecto no pueda ser más gobernador. Solo 8 años. En segundo lugar, en Córdoba la inseguridad se ha hecho dueña de la provincia y el gobierno cree que repartiendo un patrullero lo puede resolver. Hay que combatir el narcotráfico y ser implacable. Han cambiado 10 cúpulas policiales. Hay que tener un trabajo más fuerte con las fuerzas, incorporar tecnología. Los motochorros se pasean como nadie lo imaginaba antes y matan gente sin problema. Vamos a revisar la política tributaria. En Córdoba no hubo cuadernos ni arrepentidos. El cambio en Córdoba va a ser para reconocer las cosas buenas y las malas cambiarlas. Otra diferencia que tengo es dónde invierte la provincia. Ha hecho hoteles de 600 millones que todavía no se pueden explicar bien cuánto era el costo y sin embargo tiene 70/80 mil hectáreas sin limpiar los canales y perdiendo producción. Hay una mala lectura sobre la política ambiental. No han saneado el dique San Roque y se ha deforestado el 40% de la provincia. El abanico de la gente a visibilizar es muy grande. El problema de la educación es tremendo. En la secundaria hay 50% de deserción. El desafío es cómo hacemos para que se incorpore con quién va a tener que competir un chico de 15-16 años cuando busque trabajo. Los hospitales públicos están estallados. Se han cerrado 150 clínicas privadas y hay pueblos donde la salud la llevan a cabo los intendentes y después hay que trasladarse a buscar una camilla a la capital. Estamos frente a un gobierno que muchos decían que a nosotros nos iba a ir mal porque Macri andaba bien con Schiaretti. El gobierno le dio 24 mil millones de pesos y gastó 18 en gastos corrientes. Es un gobierno débil, perdió el eje de la vanguardia. Es una Córdoba que duerme, está anestesiada y la llevan a transitar la mediocridad.

—¿Le reconoce algo positivo a la gestión de Schiaretti?

—Cuando se hicieron cargo del gobierno no existía el yuyo. Se fueron turnando con De la Sota. Hicieron un programa de impulso para el trabajo de los jóvenes que siempre lo rescaté, aunque hoy le daría otra mirada alrededor de la tecnología y el desarrollismo. En algún momento intentó ordenar las cuentas del desastre que se había hecho en las primeras gestiones. Pero en las últimas se desmadraron, entraron en una carrera alocada de endeudamiento. Creí que la reforma política de Schiaretti era adelantada y después me di cuenta de que era muy trucha. Te cambia las elecciones cuando quiere. Inventó la boleta única que todos aplaudimos pero después la modificó y dejó una lista sábana dentro de la boleta única. Vos ponés una cruz en la cara del gobernador y votaste hasta el último concejal. Hubo un retroceso en la calidad institucional.

—¿El desdoblamiento de la elección a quién le favorece?

—Para mí fue un signo de debilidad. En Córdoba el presidente, a pesar de los problemas, no está en los niveles de consideración que dice. Pero además los cordobeses son inteligentes y saben lo que es una elección provincial de una nacional. Si no, no estaríamos tan cerca de ganarle a Schiaretti. Lamento enormemente todos estos gastos porque la gente está pasando situación de enorme dificultad y nos quedan no más de 80 días para la general. No me sorprendió el desdoblamiento, sabía que lo iba a hacer. Cuando Macri estaba alto en las encuestas, Schiaretti se sacaba selfies y ustedes decían que eran socios. Cuando tuvo una dificultad, se pusieron en opositores. Nosotros tenemos que lograr que los cordobeses tengan la confianza de que conmigo no va a haber salto al vacío. Yo no miento ni robo.

—Si no logra imponerse en la interna, ¿se va a sentir como una derrota de Macri?

—En absoluto. No tiene por qué. No siento presión. Si tuviera presión para elecciones internas, qué presión me quedaría para gobernar.

—En el plano nacional, ¿cree que debería haber internas en Cambiemos?

—Hay que ordenar las prioridades. Hay que pisar la pelota en Cambiemos porque hay un contexto de país con muchas dificultades y en ese sentido creo que los muchachos de enfrente están juntando la Biblia y el calefón donde la idea es el poder. De este lado, no solo el radicalismo, el PRO y la Coalición Cívica tenemos que tener una lectura inteligente de la situación en la que estamos, la crisis que se tiene. Lo dije en Olivos adelante de 120 legisladores: a Cambiemos había que hacerle un service. Porque en 2015 evitó males mayores. El radicalismo tuvo un rol protagónico en eso. En ese momento dije que habíamos recorrido la mitad de los kilómetros de nuestro vehículo y que había que dar un salto de calidad. Reformular una mesa de discusión. No es un problema de cantidad de cargos, es un problema de discutir políticas públicas. No nos podemos dar el lujo de pensar que todo va en automático. El tema es cómo encontramos el ámbito para hacerlo. Si hay internas o no, debe ser el resultado de una estrategia. No me desespera.

—¿Qué le pareció la actitud de Lousteau?

—Son opiniones. No es un tema que me desvela. Ese no es el tema central. En cada caso cada partido lo discutirá. Me preocupa cómo el esfuerzo de Cambiemos lo ponemos en vínculo a la sociedad. Lo peor que nos podría pasar es que estemos peleando con el pasado. En ese sentido sí creo que Cambiemos cumplió una etapa y hoy debe reformular el formato de la coalición. Pero eso no es atacar a nadie. Algunos hacen de esto la batalla final y no se trata de eso.

—¿Una candidatura de Cristina Kirchner le favorece al Gobierno?

—Lo que le favorece es recuperar confianza con la sociedad y que le dé una oportunidad de corregir lo que haya que corregir.

—¿O sea que es lo mismo quién esté del otro lado?

—Ese es un problema del peronismo. Estoy viendo que la Biblia y el calefón no tienen problema en juntarse.

—¿Cómo explica semejante crisis económica en el cuarto año de Macri y que no se haya podido resolver la inflación?

—Ha habido una sobreexpectativa, pensando que la inflación era un potro fácil de domar y en realidad no se tuvo presente la historia de la Argentina. La inflación les ha hecho goles al peronismo y al radicalismo. En la medida en que la política argentina, estando Macri de presidente o estando cualquiera, no tenga un acuerdo sobre una política antiinflacionaria, creo que pueden cambiar los presidentes y no cambiará nada. Un día se fumarán toda la guita y otro día volveremos a los mismos problemas. Hay una deuda en encontrar una política antiinflacionaria por encima de quién esté gobernando. La inflación no es un problema para los gobernantes sino para la sociedad. Debería estar por encima de ellos.

—¿Ve que hay un cambio de postura en el Gobierno para encarar el tema?

—Van tomando medidas. La economía no va a hacer ganar elecciones, pero tienen que procurar que no lo haga perder. La sociedad es la economía y muchas cosas más, aunque es muy determinante. Pero lo primero que hay que trabajar es tener estabilidad, que la gente no se sienta en una montaña rusa, que tenga un respiro. Que no haya corrida cambiaria, que podamos bajar la tasa de interés. El desafío es el vínculo con la sociedad, no jugar a los soldaditos.

—¿Ve difícil una reelección de Macri si no hay una reactivación?

—No la veo difícil. ¿Por qué la tendría que tener fácil lo que hay enfrente?

—Pero el golpe al bolsillo de la gente es muy grande…

—Reconozco que hay un sector de la sociedad que dice que estuvo mejor con Cristina. ¿Alguien cree que vuelve el país de Cristina? ¿Alguien cree que es posible ese país, vuelva quien vuelva? Volver a ese país es totalmente imposible. Ni los precios internacionales, ni los commodities, ni las reservas para fumárselas, ni tener subsidios de 90% de las tarifas, importar el gas como importábamos. Esa Argentina fue la que se esfumó. Hay una película congelada de lo que se vivió pero nadie sabe que esa película no tenía un peso para sostenerse y se iba a caer. El Gobierno ha cometido errores y ha tenido aciertos. Con el diario del lunes es más fácil. Hubo sobredimensión de la velocidad de la inversiones que iban a venir pero resolvió bien la macro al principio. El Banco Central nos recomendaba que queme 20 mil calorías por día y acá no estaban en condiciones. También hay algunos que dicen que el primer día le cortaban las piernas a todos y se resolvía el problema. No sé si hubiera existido la sociedad argentina y si hubiera existido el Gobierno.

—¿Cómo responde a la chicana por parte del kirchnerismo, que es cada vez más un eslogan de campaña, 'pensá cómo estabas hace tres años y cómo estás hoy'?

—No sería una chicana si cuentan cómo estaba hace tres años la Argentina en todo. Por ejemplo en tribunales. Si hubiese habido arrepentidos hace tres años. Si hubiese habido una ley de extinción de dominio. Qué hubiese pasado si hace tres años hubiese habido una Justicia independiente o existido el Indec. Tendrían que decir, preguntarse. Si hacen el pliego completo deberían agregarle si estaba bien la idea de seguir con Maduro. El problema es mirar hacia adelante. Yo creo que hay que discutir ideas. Es muy importante saber qué va a hacer el peronismo. Pero hasta ahora todos le hacen críticas a Macri y los que antes se escondían debajo de la cama de Cristina hoy le piden audiencias.

—¿Va a tener actividad este año el Congreso? La oposición denuncia que van a cerrar el recinto por el año electoral para que no pueda ser utilizado como vidriera.

—Claro, porque en los años electorales de ellos se sesionaba 24 horas corrido. Es un año complejo. Si hay poca actividad, el primero que nos debería ayudar a pensar eso es el peronismo, que organizó 15 elecciones anticipadas. Además porque lamentablemente es un país que en procesos electorales a la oposición le cuesta acordar con el Gobierno. Y nosotros no somos mayoría.

—¿Le favorece al Gobierno que no haya muchas sesiones?

—No. A ningún país le favorece tener el Parlamento parado. Pero cuando sos mayoría absoluta tampoco favorece, y sin embargo lo cerraron igual.

—Pensando en la Cámara del año que viene, ¿cree que Cambiemos puede perder poder con la ida de usted, Monzó y Massot, entre otros?

—Nadie es insustituible. Vendrán otros que son mejores, por lo menos que yo.

FOTOS: Adrián Escandar

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